Desde hace dos o tres años vengo dedicándole una buena parte de mis ratos de ocio a la observación de aves. Nunca pensé que esta actividad, supremamente pacífica y aparentemente inútil, pudiera apasionarme tanto. Sin embargo, he descubierto que ofrece múltiples niveles de satisfacción y deleite y, en consecuencia, me he convertido en su asiduo practicante. Quiero ahora compartir con el lector algunas reflexiones sobre este pasatiempo con la esperanza de animarlo a ensayar con sus propios ojos esta fascinante actividad.
Para mi el primer gozo derivado de la observación de aves es el deleite visual que ofrece el colorido plumaje de un ave. Observar, por ejemplo, a un Quetzal resplandeciente, con su cola larga y ondulada y su pecho rojísimo, teniendo de fondo el verde oscuro y unánime de un bosque nuboso, es un espectáculo natural extraordinariamente bello. Esta ave posee un plumaje de apariencia metálica, igual que los picaflores, y al recibir los rayos del sol resplandece con luz propia como si estuvieran en llamas sus entrañas. Me imagino que este deleite es similar al que obtienen los amantes dela pintura cuando aprecian la obra de un gran maestro. Ahora bien, dificulto que haya pintor en el mundo que pueda duplicar el resplandor de un Quetzal en pleno vuelo.
Además del placer visual arriba descrito, podemos derivar también satisfacción intelectual cuando identificamos correctamente la especie de ave que estamos observando . Tarea harto difícil pues en Panamá existen 946 especies de aves, incluyendo las migratorias que atraviesan nuestro cielo dos veces al año. Esta cifra es mayor que el número correspondiente a Estados Unidos y Canadá juntos. En otras palabras, en nuestro país hay muchas especies de aves en un espacio físico relativamente pequeño y por lo tanto es fácil verlas, pero es difícil identificarlas, como se verá más adelante.
Resulta que en muchas especies el macho es diferente a la hembra, en efecto aumentando los ejemplares a identificar. Además, algunas especies varían su apariencia en la época de apareamiento y en otras los inmaduros son diferentes a los adultos. En consecuencia, nuestra avifauna podría tener alrededor de 3,000 ejemplares diferentes los cuales el observador de aves pretende identificar utilizando el nombre de la especie en español o en inglés y también el nombre científico en latín! Por otro lado, es casi imposible observar ciertas aves pues permanecen ocultas entre los arbustos y hay otras que son activas sólo en la oscuridad de la noche. A estas y aquellas las identificamos por su canto, involucrando así en esta tarea supremamente pacífica y aparentemente inútil, al exquisito sentido del oído. Por último, es importante mencionar que sólo hemos evaluado el esfuerzo correspondiente a las aves de Panamá. Al incluir las especies del resto del planeta la dificultad de la empresa se multiplica por diez pues nuestro país tiene alrededor del 10 por ciento de la avifauna mundial. Ciertamente es un reto digno del más agudo intelecto. Valga la pena añadir que el capítulo de Panamá de la National Audubon Society (Sociedad Audubon de Panamá) ha ocupado, desde 1976, el primer lugar en el conteo anual de aves que realiza esta agrupación alrededor del mundo durante el mes de diciembre.
El adentrarnos en nuestros bosques en busca de aves sirve también para reforzar nuestro compromiso con las causas ambientalistas y sociales pues resulta imposible ser un observador de aves y permanecer impávido ante la deforestación galopante que sufre nuestro país. No sé cuantas miles de hectáreas son presa anualmente de la voraz hacha santeña, de la sierra industrial y del ubicuo urbanizador. Es posible que en dos generaciones los bosques panameños existan sólo en las memorias de los ancianos, en los museos y en libros de historia. Es por eso que el observador de aves es, por definición, un conservacionista innato. Pero el conservacionista no sólo debe luchar por conservar el bosque, debe también entender las causas de la deforestación y promover medidas para disminuirla. Por ejemplo, la liberación de los impuestos de introducción sobre la madera, la educación para el control del crecimiento poblacional y la mejor distribución de la riqueza. La observación de aves de convierte de esta manera en un estímulo para lograr objetivos de mayor trascendencia.
Finalmente, caminar en silencio a solas por el bosque, atento al menor movimiento y al más leve sonido, puede resultar en la observación de un ave rarísima y deslumbrante. Algunas veces la soledad y el silencio también me hacen introspectivo y me permiten entender el leguaje mudo de la Madre Tierra. En esas raras ocasiones, gustoso entablo conversación con ella y me dejo llevar de la mano por trillos invisibles e inefables senderos. De pronto, en un claro sombrado, más allá de la quira y del laurel, encuentro al Señor del Bosque esperando mi visita. Entonces recuerdo vívidamente aquella creencia oriental que dice que uno busca a Dios en las cosas que más ama y es a través de ellas que él se nos revela. Así pues, la observación de aves. esa actividad supremamente pacífica y aparentemente inútil puede, en última instancia, conducir a Dios, como debe hacerlo todo quehacer humano. |